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viernes, 16 de diciembre de 2011

LIBRO I "LA CIUDAD BLANCA". CAPÍTULO IV (III)



Catorce de Marzo de 1810 (Anno Domini). Cádiz

La sorpresa fue mayúscula y pronto el contenido de lo que leí por azar empezó a  desfilar por mi mente.

Debo decir que la presencia de Arliss me resultaba inquietante si bien sus ademanes y su tono de voz eran de lo más corteses. No pude reprimir el recuerdo, fugaz pero temeroso, de Emil Saiffer.

Caminamos, pues, por el paseo que bordeaba las murallas que daban a la bahía dejando atrás el edificio de la Aduana. Durante un rato nadie dijo palabra hasta que, de pronto, Arliss empezó a hablar:

-¿Leyó usted el documento descifrado, teniente?

Sabía que era inútil mentir pues era obvio que me había visto hacerlo.

-Sí-respondí tratando de imprimir resolución a mi voz.

Arliss asintió en silencio mientras manoseaba el puño de su bastón.

-¿Y cuáles son sus conclusiones?-dijo por fin

Le miré en silencio sin saber qué decir.

-Que estamos esquilmando a los españoles-respondí confiando en que mi sinceridad fuera mi mejor baza.

Arliss lanzó una risotada, la primera vez que le oía alzar la voz lo más mínimo.

-No es usted ningún tonto, teniente-respondió. –Desde luego el mayor Grant nunca le hubiera enrolado en el Cuerpo de Guías si lo fuese.

Le miré con extrañeza pues el mayor Grant nunca mencionó tal unidad. Él lo advirtió pues de inmediato añadió:

-Así se llaman ustedes, Cuerpo de Guías, no me extraña que no lo sepa pues se le dio oficialmente ese nombre mientras usted estaba ocupado con cuestiones legales en Nueva Orleans.

No supe qué decir, mas Arliss lo advirtió pues continuó hablando.

-No debe caer en la ingenua celada de que nos encontramos aquí cumpliendo una misión heroica. Somos aliados circunstanciales de los españoles pero esa alianza podría no durar para siempre…

-Imagine que Cádiz cae-prosiguió. –Posiblemente todo el país caería bajo la égida de Bonaparte, incluyendo sus colonias en todo el Mundo, lo que significaría un grave revés para Gran Bretaña.

-Pero los españoles se han resistido a Bonaparte desde el principio-dije con vehemencia.

Arliss asintió.

-Cierto pero solamente cuando amenazaron a sus soberanos. El levantamiento de Madrid del 2 de Mayo de 1808 no fue más que una reacción espontánea ante la amenaza de que arrebataran al pueblo uno de sus símbolos. Ahora bien si el pueblo acepta al rey José Bonaparte, que en mi opinión es bastante más fiable que los Borbones, no habría razón para que los españoles continuaran en esta guerra de nuestro lado de modo que estaríamos otra vez como hace dos años.

-¿Por eso estamos destruyendo todo cuanto podemos en territorio español?-pregunté desconcertado.

-Sí-replicó Arliss. –Si se diera un nuevo cambio de alianzas en nuestra contra debemos procurar que en España no pueda fabricarse ni una pica ni un mosquete ni un cañón que pueda ser utilizado contra nosotros.

-¿Y por esa razón estamos robándoles su oro?-inquirí esta vez más seguro del terreno por donde me estaba moviendo.

-En efecto. Esos caudales estarán a buen recaudo para que, en el caso de que España caiga finaLmente, Bonaparte no pueda emplearlos contra Gran Bretaña.

Asentí en silencio, abatido por lo que acababa de oír.

-Los jóvenes tienen el defecto de actuar como si fueran los paladines de Arthur Pendragon-dijo Arliss con una sonrisa.-Pero usted es un oficial británico y, además, un miembro del Cuerpo de Guías que cuenta con la confianza del general Wellington.

-¿El general Wellington?-repliqué con extrañeza. ¿Quién es?

Una nueva risotada atronó el espacio.

-Es natural, tampoco puede saberlo. El general Arthur Wellesley fue nombrado vizconde de Wellington poco después de la batalla de Talavera. Ahora responde a ese título.

Me quedé mudo. No acertaba a articular palabra. Todo cuanto había presidido mi vida militar no era sino una mentira. No estaba en este país para ayudar a su pueblo a librarse de Napoleón sino, más bien, para evitar que pudieran emplear sus recursos contra Gran Bretaña. De repente todo lo que tan claro me había resultado se tornaba sumamente extraño y oscuro.

-¿Por qué me eligieron a mí?-acerté a preguntar.

Arliss sacó un panecillo de la levita y empezó a masticarlo.

-Porque habla español, porque dicen que es valiente…y porque ha sobrevivido a un enfrentamiento con Emil Saiffer-respondió tranquilamente. 

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